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Si me preguntaran

Hace tiempo quería decir mi punto de vista sobre la nueva ley de educación que tanta polvareda ha levantado; infelizmente todos mis intentos de ejercer mi libre derecho de expresión han sido radicalmente coartados lo cual me recuerda otra de las leyes polémicas que se encuentran en discusión.

Pero eso es tema para otro artículo, y ya que hablamos, de artículos vuelvo a la ley de educación que, sin duda, está llena de artículos.

Decía que cada vez que comenzaba a exponer mis razonamientos alguien, cualquiera, incluso el vecino de mesa del bar en el que estábamos conversando, respondía airadamente:

- ¿Es que quiere seguir con la universidad decadente que tenemos actualmente? (cuando exponía mis "contra" a la ley)

O

- ¿Es que quiere que desaparezca la universidad privada? (cuando exponía mis "pro" a la ley)

Inevitablemente acababa yo callado, asintiendo sobre argumentos que no tenían ya nada que ver con la ley sino con simpatías o antipatías al actual gobierno.

Por ello me decidí a escribir algunos criterios confiado en la tendencia apolítica de mi computador.

La primera duda que me asalta es ¿quién tiene la razón: el gobierno, las universidades, la FEUE? Porque es claro que en este tema aunque se les vea a algunos de ellos juntitos, sus intereses son claramente diferentes.

Unos dicen que la Universidad tiene que cambiar y para ello es necesario una nueva ley de educación, otros dicen que no hay para qué cambiar si todo lo están haciendo bien y que no se necesita de una nueva ley de educación; otros dicen que la ley actual es buenísima, lo único malo es que no se la cumple y hay quienes opinan que todo está mal: ley, universidad y gobierno.

Ahora veamos,

¿Qué la Universidad ecuatoriana tiene que cambiar?

¡Claro que tiene que cambiar!, y si no, díganme:

¿Cuántas (y cuáles) universidades nuestras están entre las mejores, no del mundo ni de América, sino, sólo de Sudamérica?

¿Cuántos (y cuáles) de nuestros profesores salen a dar conferencias internacionales en su campo?

¿Cuántas empresas se encuentran contentas con el nivel de los graduados?

¿Cuántos graduados tienen una verdadera capacidad crítica y proactiva?

Para todas estas preguntas, lamentablemente, la respuesta es: pocos, muy pocos.

Y es lógico que así sea puesto que

- Los profesores, mal pagados, tienen que trabajar en otras partes y dedicarse marginalmente a la universidad

- El profesor a tiempo completo no tienen el contacto profesional completo con la realidad empresarial y del país.

- La universidad es vista por muchos estudiantes como una "extensión" del colegio, donde el profesor tiene que dictarle la materia y revisar que tenga el cuaderno "de limpio" bien pasado bajo pena de decirle, el momento del examen: pero si no nos ha dado naaada

- La Universidad, ha tomado el rol únicamente de "educadores" y la investigación ha quedado relegada a ser una materia que se ve en primer nivel y luego al último, ya para hacer la tesis.

- Bajo el pretexto de la autonomía algunos grupos radicales y han tomado control de las universidades llegando a convertirse, varias de ellas, en verdaderos feudos en los que es imposible obtener una universidad de calidad puesto que los profesores y las horas de clase deben ser aprobadas por los "dirigentes" a cargo.

Negarse a esta realidad es imposible, la Universidad Ecuatoriana TIENE que cambiar.

Pero por otra parte, ¿para solucionar esta lamentable situación, se debe regular la universidad desde el gobierno y quitar la autonomía, como lo pretende la actual ley (aunque lo nieguen a gritos)?

Bajo el pretexto de que "en otros países se hace así y no hay problema" se pretende imponer esta estructura.

Veamos pues uno de esos países: España.

Si nos fijamos, tan solo 2 instituciones españolas se encuentran en el listado de las 100 mejores universidades de Europa, listado que es ampliamente dominado por Inglaterra donde, oh casualidad, existe autonomía universitaria. Y es más, en varios foros, algunos analistas opinan que el problema de calidad que enfrentan las instituciones educativas españolas es precisamente que no tienen la autonomía que les permita definir sus propios pensums y responder rápidamente a la realidad actual.

Y aun más grave,

- ¿Qué pasará, me pregunto, el día en que tengamos un gobierno radical y autoritario que quiera imponer un sistema de pensamiento?

- Pues casi nada: podrá hacerlo porque la ley se lo permite,

- ¿Y si nos organizamos y salimos en marchas?

- Primero habrá que ver si podemos organizarnos porque seguramente la universidad estará tomada por las fuerzas de la ley y el orden, porque lamentablemente el desorden ya será ley.

Y quien sabe si tengamos que cambiar "realidad nacional" por pensamiento bolivariano (si el gobierno es de izquierda) o Freud por Iacocca si el gobernante es de derecha.

El único problema es que se han olvidado, como siempre, de los de siempre, de los que deben opinar, de aquellos que no salen a lanzar piedras porque saben que piedras ya hay suficientes en los discursos de la asamblea, de aquellos que simplemente sufren la realidad porque saben que atrás de todo el conflicto y de todas las discusiones lo único que prevalece son los intereses de grupos formados por pocos pero con apoyo de muchos.

Todo esto diría yo si me preguntaran, diría también que es tiempo de dejar de ver intereses particulares y mirar más allá..., ¡no!, más allá, al futuro, si es que queremos tener un futuro.

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