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El espíritu del monte

Este era un niño de tez morena y de mirada altiva. Era un experto cazador. Vivía en una pequeña casa de caña con su hermano, cuatro hermanas y sus padres. También sabía que cuando volviera a casa le esperaba el plátano asado en el fogón, queso fresco y un cálido café.

Tenía además un secreto. Un día salió al monte en su mula y con el machete al cinto. Se sentó muy cerca del río, escondido, a esperar que algún animal tuviera sed.

A pocos pasos de él se movieron unas matas. Silenciosamente se acercó y ¡¡¡Puararás!!!! Cayó sentado.

Había encontrado una cría de puma. Debió ahogarla por ser un animal muy peligroso para los seres humanos, pero no lo hizo. En vez de eso esperó por la madre, no llegó.

Comenzó a oscurecer, tenía que regresar. Tomó agua y se la dio al animalito en las manos.

Esa noche no durmió. Esperó a que clareara y salió. Volvió a encontrar al animalito solo y muy hambriento. Entonces, regresaba cada tarde para alimentar a la pequeña puma.

Cuando ella creció seguía al niño siempre. Lo ayudaba a cazar.

De eso ya hace mucho tiempo. El niño se hizo viejo y murió. Desde entonces dicen que hay el espíritu de un puma que ayuda a los seres perdidos en el monte.

¡Claro que después de que se reponen del gran susto!

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