Previous ◁ | ▷ Next

Loading

La bruja azulosa

Azulosa estaba sentada en una mecedora junto a su casita. A pesar de tener todas las comodidades que requería, no se sentía bien. Grupitas ronroneó y Trapita, su yegua de nube salió en picada junto a su ama. Era la hora del paseo.

Azulosa montó a Trapita y sentó al gato detrás de ella.

Rápidamente emprendieron el vuelo. La luna estaba ya en lo alto de la montaña. Desde allí se podía divisar la pequeña casita escondida en un samán, las raíces que bajaban de los altos tallos la cubrían completamente.

Era apenas visible la pequeña chimenea que humeaba un cocido de caimán con aderezo de pulpitos. Su comida preferida.

De pronto, un gruñido de su barriga le ordenó regresar. Tan pronto como realizó un atrevido aterrizaje, soltó un grandioso estornudo.

─Tenía que ser ─se dijo. Otra vez el famoso resfriado del que viene mi nombre.

Y desde entonces, cada vez que azulosa tiene un resfrío causado por sus paseos nocturnos, el valle se tiñe de azul.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar